Fue el primer clasificado en la ultramaratón de ‘Los 10.000 del Soplao’, tras emplear 14 horas y 30 minutos en recorrer 126 kilómetros Ramón Gómez Vallín Atleta aficionado.
De las cuatro modalidades que han compuesto este año ‘Los 10.000 del Soplao’, la que más expectación creó, por la dureza de la misma, fue la de ultramaratón. 126 kilómetros, un desnivel positivo de 4.422 metros, 4.415 metros de desnivel negativo y 32 horas para completarlo. El primer clasificado fue un atleta de Ucieda: Ramón Gómez Vallín, que consiguió concluir el reto en 14 horas y 30 minutos. Bajó un sol de justicia desafió los límites del cuerpo humano en su primera participación en una prueba de estas características. Segundo fue Samuel Arroyo con 17 horas y 19 minutos, que entró a la par de José Vicente Benito. 63 ultra maratonianos se apuntaron al reto.
-¿Cómo se le ocurrió tomar parte en esta locura?
-Me lío un amigo para que me apuntara, mi compañero del atletismo Valentín Pajarín. Por eso me inscribí.
-Imagino que sí tenía algo de experiencia previa.
-Si. No es la primera vez que corro a pie. Lo hago desde hace tiempo, pero siendo sincero nunca me había preparado para una distancia tan larga.
-¿Conocía ‘Los 10.000 del Soplao?
-Sí. En dos ocasiones ya he participado en la de mountain bike. Así que ya tenía una toma de contacto previa.
-¿Y qué tal le fue con la bici?
-Bien. El primer año hice 12 horas y el año pasado 9 horas y 50 minutos.
-Supongo que el recorrido a pie fuera mucho más duro que en bici, ¿no?
-Pues sí. El recorrido era durísimo. En un primer momento compartíamos el mismo circuito que nuestros compañeros de la maratón. A mitad de la prueba cambiábamos al de las bicis. La segunda parte eran subidas largas y pistas y era más cómodo. Cogías un ritmo y se llevaba mejor. Pero la primera parte eran rampas muy duras.
-¿Cómo se entrena una prueba como esta?
-Pues yo solía hacer como entrenamiento los 46 kilómetros de la maratón. Me levantaba pronto los domingos para poder completar el recorrido. Tenía que estar pronto en casa para poder ayudar a mi mujer con los niños. Las distancias largas sólo las he podido entrenar los domingos.
-Dígame, ¿qué estrategia afrontó?
-Salimos y al principio nos dijeron que Pajarín y yo íbamos tercero y cuarto. Eso fue en la subida al alto del Moral. Yo me ponía nervioso y le decía: venga, venga que podemos. Él me decía, tranquilo que esto es muy largo, sólo llevamos 30 kilómetros. Después bajando nos separamos y subiendo el alto de Cruz de Fuentes cogí al segundo y me dijo que el primero iba un poco por delante. Le alcance. Le dije que sí íbamos juntos y me mandó que tirase yo solo.
-Creo que el final tenía sorpresas
-Sí. Era duro porque bajando del Moral teníamos que ir por los Puentucos para ascender hasta el Toral y luego al palo de Cos.
-Los ciclistas les veían como héroes.
-Yo nunca me he visto en una tan grande. Todo el mundo me animaba. Tenéis de todo menos cabeza, me dijo un ciclista.
-¿Qué tal la organización?
-Me pareció perfecta. He corrido en muchos sitios pero en ninguno como en Cabezón. El trato es inmejorable.
-Su llegada a meta desató las emociones de todos los presentes.
-No me lo esperaba. Hasta me hicieron un pasillo como a los futbolistas. No me enteré mucho porque según crucé la línea, literalmente me fundí.
-¿Qué le dijo su mujer al llegar a casa?
-Que tengo que colgar las zapatillas una temporada. Perdí cuatro kilos y eso que no tengo mucho de donde perder.
-¿Repetirá?
-El domingo dije que no hacía ninguna ultramaratón más. Hoy no se, pero el año que viene estaré en el Soplao. No sé en qué modalidad, pero espero acudir.




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