Ochenta joyas de las ondas

23 diciembre 2012

Ochenta joyas de las ondas
Devolver la vida a las radios de los años treinta, cuarenta, cincuenta y traerlas al presente, ganar la batalla al tiempo y a las nuevas tecnologías. Es la proeza de Román Barona. Su vida, lo que ha hecho desde que cumplió 14 años. «Reparar las radios y las televisiones que me traían y coleccionarlas». En total, tiene 80. Ha reunido todas ellas en la exposición que estos días se puede visitar en el local número 8 de la calle Hermanos González Cosío de Cabezón de la Sal, en horario de 19.00 a 21.00 horas. Recorrer la exposición es una invitación para todos aquellos que quieran evocar los comienzos del mundo de la imagen y el sonido.
Están en fila, con la madera aún brillante, majestuosas, frescas. Radios, televisiones, algún vinilo e incluso la antigua centralita del pueblo. Los visitantes que acuden a la exposición se arremolinan en torno a una radio del año 1931. «¡Gooo1!», se escucha desde las vísceras del aparato. «Excepto cuatro o cinco, todas funcionan a la perfección», dice Román, orgulloso, sin vanidad. «Empecé trabajando reparando radios cuando era un chaval y no he dejado de hacerlo», explica. La más antigua es de 1920, «un aparato alemán que ya es irrecuperable». Sin embargo, el cadáver se conserva impoluto. Algunas radios tienen rueda para cambiar el dial, otras teclas. Las hay grandes, pequeñas. Cada una cuenta una historia. Ésta, explica Román señalando una de las radios, «se la vendió mi patrón a una señora de Cabuérniga en 1962. Hace poco fui donde la señora, ya una mujer mayor, y la tenía en el desván». Y así hasta reunir los ochenta tesoros que conforman su colección.
Muchas de ellas no tenían frecuencia modulada, pero Román se lo ha puesto a casi todas. «Una radio sin FM no es nada», se justifica. Los que conocen a Román valoran su don. «Es un crack», aseguran. Tiene que serlo, porque de las televisiones que hay en la exposición no dejan de reproducirse imágenes a toda velocidad en blanco y negro. Los fotogramas parecen más reales que nunca. «La tele entonces se veía como se ve aquí ahora», dice Román, señalando una pantalla pequeña, «como la que llevaban los taxistas». «Ésta es de 1968, de Japón». Uno de los aparatos acapara el protagonismo. «Es la antigua centralita de Cabezón, procedente de Francia y del año 1945». «Con esas cosas se enteraban de todo lo que hablábamos», dice un vecino. «¡Seguro que la enciendes y funciona!», dice otro. 
El asombro entre los que observan los aparatos es palpable. El flash que sale de los móviles de última generación de los visitantes que hacen fotos rebota contra la madera de la radio de los años cuarenta. Paradójico. Ahora se lleva usar y tirar. Un niño no despega la mirada de la pantalla de una de las televisiones en la que sale Charles Chaplin. «Es guay», dice. Se acerca su madre. «Ésta es como la que había en casa del abuelo». 
Al otro lado de la sala está Luis Arriola, que reconoce un magnetofón UHR. «Era mío. Lo traje de Alemania en el 73 y me costó 200 marcos». Entonces se la dio a Román para que la reparase. «Ahora me gustaría tenerla porque era para aprender inglés y a mi nieta le vendría bien», dice Luis con añoranza. 
Almacenados en Cabezón 
 
Román lleva diez años coleccionando estas radios y televisiones. «Los he ido comprando por 40 o 50 euros, depende del aparato y del capricho», explica. Los tiene almacenados en una casa en Cabezón. «Se oyen perfectamente. Han sido buenos aparatos». Román continúa reparándolos, «aunque ahora me ayuda mi hijo». En cada radio figura una nota: «Fabricación: 1948; Marca: olimpus; Procedente: España; Juan de la Hoz, Ibio». Es su nota a pie de página. Su procedencia y año de nacimiento. 
Román no deja de explicar la historia de cada radio a medida que los visitantes le preguntan. «La primera televisión que hubo en Cabezón es del año setenta. La trajo mi hermana de Alemania y tuvo problemas para pasarla por la frontera», relata. Podría explicar la vida de cada uno de sus aparatos. «Hay que tener ilusión y ganas de coleccionarlo». Podían haberse perdido o haber quedado abandonados en la esquina de un trastero con el polvo como único testigo de su decrepitud, pero gracias a Román al menos ochenta de estos aparatos antiguos se han salvado.

3 Opiniones...Anímate a participar :

Anónimo dijo...

Soy prima de Roman, vivo en Gijón, OLE y OLE por mi primo, el si que es la joya número uno de toda la colección.

LUISI

Andres Perez dijo...

ROMÁN LO DE LAS RADIOS YA LO VI DESDE QUE SE PUBLICO YA TE MANDE UN COMENTARIO DESDE AQUI,YO QUIERO SABER SI ESTAS BIEN COÑO.

Andres Perez dijo...

HICISTE ALGO QUE TE GUSTABA,UNA LBOR COJONUDA,TE ADMIRO,PUES ES UN LEGADO PARA TODOS .UN ABRAZO AMIGO.

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