El Ayuntamiento de Cabezón de la sal inyectará en los
árboles afectados por la plaga de moscas una sustancia que llega a la
sabia y repara todo el árbol. Un sistema que evitará la fumigación, más
molesta para los vecinos.
Cada año al llegar el calor, la Avenida de Cantabria de Cabezón se ve afectada por una plaga de insectos, «una especie de mosca pequeña con las alas peludas», cuyo
nombre nadie sabe a ciencia cierta. Lo que sí saben los vecinos es la
gran molestia que cada año, desde hace cuatro, viene causando este
insecto cuando se acerca el verano.
La alcaldesa de Cabezón de la Sal, Esther Merino, ha
explicado hoy las soluciones que el Ayuntamiento estudia “desde el
verano de 2011” y ha expresado su malestar por las declaraciones de
algunos vecinos con respecto a la “dejadez del Ayuntamiento”. Ha
explicado esta mañana que el Ayuntamiento está en contaco con una
empresa fitosanitaria, que es la que ha recomendado el sistema de
inyectar la sabia.
Merino ya ha dado nombre al bicho, se trata del ‘tigre del plátano’ y es promovido por el árbol de la avenida. “En
cuanto tuvimos conocimiento del problema en 2011, enviamos técnicos a
la avenida para ver cuál era el estado en que se encontraban los
árboles”, ha asegurado la alcaldesa.
Los informes técnicos indican que “los
árboles –plátanos- están sanos y que las grietas que aparecen en
algunos de los troncos son normales dada la edad de los mismos”, por lo que los técnicos valoraron que con sellar las grietas era suficiente.
Así que sólo había que resolver el problema de los
insectos, que es lo que más molestia causa a los vecinos. La alcaldesa
ha explicado que desde la empresa fitosanitaria se recomendó esperar a
la floración para fumigar, que es la medida que se iba a llevar a cabo
en un principio, en vez de la inyección. Motivo por el que hasta ahora
no se ha podido realizar ninguna intervención.
Sin embargo, hace dos semanas la empresa propuso esta
nueva técnica y solicitó al Ayuntamiento el número de árboles y el
diámetro de los mismos para calcular el número de dosis necesarias y
pedirlas a la casa que los comercializa. “Nos indicaron que tardarían
una o dos semanas en poder suministrarlas. En cuanto lleguen, se
procederá a inyectar la sustancia en los plátanos”, ha matizado Merino.
Bichos por todas partes, los vecinos desesperados
La pasada semana EL DIARIO MONTAÑÉS publiacaba la
situación en la que se encuentran los vecinos y comercios de la Avenia
de Cantabria y la denuncia pública de los afectados.
Bichos en el pelo, en las cortinas, en las alfombras y
hasta en la comida. Los vecinos de la Avenida de Cantabria de Cabezón de
la Sal ven insectos incluso cuando cierran los ojos. Se trata de «una
especie de mosca pequeña con las alas peludas» que cada año, desde hace
cuatro, reaparece cuando se acerca el verano. «No podemos tender la ropa
porque los insectos se pegan a ella y si ventilamos se meten en casa y
se quedan en las cortinas y las alfombras. Hasta en el pelo», se lamenta
Matilde Rey, que vive en un cuarto piso del número 19. Fue ella quien
decidió denunciar públicamente la situación, «ante el poco caso que nos
hacen en el Ayuntamiento, desde donde nos explican que van a fumigar».
Pero la fumigación no se lleva a cabo y los vecinos tampoco creen que
esa sea la solución definitiva. «Fumigar no será suficiente», coinciden
en señalar.
Echan la culpa a los árboles que «desde hace más de
sesenta años» pueblan esta avenida de Cabezón. «Cuando llegamos a vivir
aquí, hace sesenta años, ya estaban los árboles», señala Fitu. Los
vecinos comentan que se trata de árboles «muy deteriorados» y desde el
Ayuntamiento únicamente se limitan a podarlos. «Algunos están rellenos
con ladrillos y forrados de cemento», cuenta Rosa Mari. Su nieta de
catorce años ha sido una de las personas que ha sufrido las picaduras de
los bichos, una picadura que derivó en alergía. De este modo, ventilar
en verano se convierte en una lucha sin cuartel para estos vecinos que
sufren de forma desesperante la invasión de los insectos.
Aunque lo peor para los vecinos aún está por llegar. «Con
el calor, ya comienzan a notarse, pero los peores meses son agosto y
septiembre. Entonces no podemos abrir las ventanas», explica Isabel
Valdés.
Las madres con niños pequeños explican que han tenido que
poner mosquiteras en las habitaciones de sus hijos, «como si
estuviéramos en la selva», ironizan.
La plaga de estos insectos trae también por la calle de
la amargura a los dueños de algunos comercios de la zona. Araceli López
regenta una tienda de moda: «Me da vergüenza cuando los clientes van a
coger una prenda y se la encuentran llena de insectos pegados y cuando
el escaparate se me llena de estos bichos», comenta. Araceli está harta
de estar todo el día limpiando pendiente de unos intrusos que «cada año
llegan primero y de forma más abundante», se quejan los vecinos. Algunos
dicen que personal municipal «ha venido a verlos alguna vez» pero lo
que está claro es que «de momento nadie ha solucionado nada y ya
llevamos con este problema varios años». Los afectados insisten sobre
todo en los árboles, «que están deterioradísimos y nadie se ocupa de
analizarlos» y consideran que son los que atraen a los insectos, pero no
se sabe a ciencia cierta.





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