La (des)ordenación territorial en Cantabria

28 mayo 2012

Una de las peores secuelas del culto a la desregulación y la
liberalización extremas surgidas de la dictadura de los mercados y el
triunfo del capitalismo salvaje de las últimas décadas –más
allá, incluso, de la profunda depresión en que nos encontramos por
los impactos irreversibles que está causando– ha sido el desprecio
continuo a todos los intentos y propuestas de ordenación territorial
y planificación urbanística en la organización del espacio, las
actividades productivas, las infraestructuras y el aprovechamiento
sostenible de los recursos como garantía imprescindible para el
empleo estable, el respeto al medio ambiente y la conservación de la
calidad de vida de la población.

El reflejo de esta situación, para quien haya mirado con
detenimiento lo que ha ocurrido en España en comparación con el
resto de la Europa occidental –donde independientemente de los
propios errores al menos se adoptaron cautelas y directrices para
corregir esas peligrosas tendencias a la desregulación
generalizada–, resulta desolador por los estragos causados en
ciudades y pueblos, en la costa y el interior, en las zonas más
urbanizadas pero también en las áreas rurales o los espacios
naturales, con los activos tóxicos y esas burbujas inmobiliarias que
han acabado contaminando la economía productiva y explotando en los
artificios financieros y las ingenierías contables con las que los
consumados ejecutivos de la banca y los cualificados economistas
seductores de la clase política –pero, también, de sectores de la
población engañados por sus profecías y falsas rentabilidades–
han impartido y siguen impartiendo magistrales lecciones de gestión
y, lo que es más surrealista, de soluciones a la crisis que ellos
mismos han provocado.

Y Cantabria, a pesar de su relativo retraso y aislamiento
respecto a otras regiones, tampoco ha permanecido al margen de esta
degradación territorial y urbanística por muchas campañas de
Cantabria Infinita, de Paisajes Incomparables, de Turismo de Calidad
o de Gran Reserva que hayan acompañado las trayectorias y programas
políticos de los distintos gobiernos –para mayor desgracia
indiferentes en estos capítulos a sus variados signos ideológicos–
que se han sucedido en los últimos 30 años.

Porque sin remontarnos más lejos ¿cómo es posible, por ejemplo,
que en apenas 10 años de vigencia la Ley del Suelo haya sufrido ya
trece modificaciones sustanciales de su articulado sin que haya sido
capaz de mantener unos criterios estables y de seguridad jurídica que
evitarán los agravios que se han cometido o pusiera freno a lo que
han sido las múltiples agresiones que ha venido sufriendo Cantabria?
Y todo para culminar en un asalto en toda regla al suelo rústico, a
los núcleos rurales, a los tramos de litoral que todavía se
resisten, y a los espacios protegidos y las áreas con un alto grado
de naturalidad que ha iniciado este gobierno con apenas un año de
vida apoyándose, para más sarcasmo político, en las nefastas
modificaciones que el gobierno anterior –también de supuesta
orientación contraria– introdujera en esa Ley básica en el 2009.

Pero no ha sido esta Ley del Suelo y sus perversiones sucesivas
la única “aportación” al desorden territorial y el caos
urbanístico en el aprovechamiento de recursos, usos y actividades, o
en la configuración de los asentamientos de población en el centro
y sus periferias, en los “continuum” urbanos a salto de mata que
ahogan la bahía de Santander con un crecimiento en mancha de aceite
cada vez más descontrolado, en la comarca costera oriental o en las
villas de la Cantabria occidental, en los valles y la media montaña
de las áreas rurales del interior... Y es que ¿donde están
herramientas tan imprescindibles –y nada de ello encontramos,
siquiera como promesa, en la propaganda de los 5 ejes del presidente
de Cantabria– como las leyes y directrices de ordenación
territorial perdidas durante casi 20 años en el BOC, ese Plan
Regional de Ordenación Territorial –el PROT que, por otro lado,
debería tener rango de Ley–, el PORN de Cantabria, un Area
Metropolitana en torno a la Bahía de Santander para garantizar la
articulación y continuidad de la protección ambiental y racionalidad
urbanística, la Ley del Paisaje..., como referencias obligadas para
que los crecimientos especulativos no devoren los horizontes y las
cuencas visuales más frágiles, los singulares paisajes que rodean
los núcleos en que vivimos, el soleamiento encerrado en los efectos-
pantalla de bloques y manzanas de viviendas, el activo económico del
patrimonio Natural y Cultural o los suelos fértiles de mieses y
vegas, invadidas y cementadas por infraestructuras viarias y usos
residenciales...?

Unas cautelas de protección ambiental y racionalización
constructiva que deberían reforzarse con una aplicación rigurosa –
y no con su devaluación continua– de leyes estatales y autonómicas
como la Ley de Costas –y el POL, amenazado nuevamente por su
“adaptación” a la Ley del Suelo de Cantabria–, la de
Conservación de la Naturaleza –y una gestión dinámica y exigente
de los espacios protegidos capaz de lograr el equilibrio entre sus
rentabilidades económicas, sociales y ambientales–, la de Montes o
la de Patrimonio Cultural, que han sido ignoradas con frecuencia en
los Planes Generales de Ordenación Urbana, en el desarrollo de las
áreas rurales –y sus valores específicos– o el planeamiento
urbanístico en detalle para establecer Catálogos y perímetros de
protección sobre Conjuntos, Edificios o Lugares de Interés
Histórico-Artístico, Paisajístico o Ambiental con la restauración
o corrección de los numerosos impactos cometidos.

Unos aprovechamientos insostenibles que han dejado al margen,
también, instrumentos decisivos para la protección y renovación de
los recursos disponibles para los distintos sectores productivos y la
calidad de vida de la población como la Ley de Gestión Integral de
Recursos Hídricos y un Plan de Protección de Ecosistemas Fluviales
como desarrollo de la Ley de Aguas en Cantabria, un Plan de
Ordenación de Actividades Extractivas, un Plan Forestal que restrinja
los monocultivos arbóreos de crecimiento rápido y amplíe y
densifique las manchas forestales autóctonas, o un PENERCAN más
global y ambicioso en el fomento de las energías blandas, el ahorro y
la eficiencia energéticas o la arquitecura bioclimática..., entre
otras iniciativas.

Emilio Carrera. Miembro de Ecologistas en Acción-Cantabria.

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