Las 100 de Anantapur

17 mayo 2012

Diez o quince kilómetros diarios en bicicleta. No está mal si se quiere desterrar la vida sedentaria; son escasos como preparación para una marcha cicloturista de montaña de 165 kilómetros de recorrido y trascendentales para una niña de la India rural que aspire a tener un futuro. Complicada misión. Porque nacer mujer dalit -impura, según la religión hindú- en un pueblo remoto del país asiático es una verdadera ultramaratón vital. El exfutbolista Rafa Alkorta, que participará en Los 10.000 del Soplao y está concienciado con la Fundación Vicente Ferrer, ha querido darle a esta «machada» un fin solidario. Por el momento, lo recaudado con las inscripciones se transformará en un centenar de bicicletas para que las niñas de la región donde trabaja la entidad puedan seguir con sus estudios. Ellas serán 'Las 100 de Anantapur'.
 
La etapa inicial, la de la escuela primaria, no es problema para las pequeñas. Habitualmente hay colegios en cada núcleo de población. El abandono escolar femenino, donde se empina la senda, llega cuando comienza la etapa secundaria -hasta los 16 años-. Los centros se encuentran en lugares de complicado acceso por la falta de medios de transporte y recursos. En consecuencia, como mandar al instituto a una niña es una pérdida de tiempo y dinero, ellas ni conocen sus derechos, ni en un futuro se los trasmitirán a sus hijos. Porque los dalits sí tienen derechos. El problema es que aún no se han dado cuenta, presos del desconocimiento.
 
El dogma a desarraigar en el país es ya un mantra. «Educar a una hija es como arar el campo del vecino», repiten. Porque la mujer es propiedad del hombre con el que se casa. No hay escrituras, pero sí grilletes. De los que no se ven. Y aunque la ley dicta que la unión no puede producirse hasta los 18 años, muchas pequeñas, con apenas 12 o 13, son lanzadas a los brazos de un varón previamente asignado. Además, hay que pagar por ello, porque es la familia de la mujer la que ofrece una dote -ilegalizada, en teoría-. Quizá no haya para comer, pero en esto no se puede escatimar. India es un país de orgullo en el que el noventa por ciento de los matrimonios son concertados. Se les rompió el amor, pero de no usarlo.
 
A este gran impedimento hay que añadirle el hecho de ser dalit, intocable, de alguna casta retrasada o perteneciente a un grupo tribal -son los segmentos de población con los que trabaja la Fundación Vicente Ferrer-. Una persona fuera del sistema de castas. Impura. Quien la toca, debe limpiar su alma. Eso dice el hinduismo. Para un hombre 'intocable', el futuro es limpiar excrementos o quemar cadáveres. Para una mujer 'intocable', simplemente no hay futuro sin estudios. Esta situación ha llevado, incluso, al infanticidio selectivo.
 
Primeros universitarios
 
Por eso en India una bicicleta va más allá de ser una costumbre saludable o de ocio. Se convierte en un vehículo educacional. Y ahí entra la labor de la Fundación Vicente Ferrer, que lleva trabajando en la zona desde 1969, y que ahora está viendo como la primera generación de jóvenes 'descastados' ha cruzado la meta situada en el campus universitario. En el año 2009, fueron 1.580 las niñas que recibieron bicicletas a través de este programa, algo que ha permitido que ninguna de ellas haya dejado de asistir a la escuela secundaria. Porque, cuando una bici llega a uno de estos hogares, lo hace con el compromiso familiar de que la pequeña terminará el instituto. El cumplimiento de estas promesas es supervisado por el comité de desarrollo local, formado por gente de la propia comunidad.
 
57,3 euros es el precio de cada bicicleta, que se adquieren en el propio país por dos razones. La primera, porque son más asequibles, algo que permite que con el dinero recaudado se pueda dotar de medio de transporte escolar a más niñas. Y la segunda, porque el hecho de hacer el gasto en el comercio local siempre es una inyección económica positiva para la comunidad india.
 
Este fin de semana, antes, durante y después de la celebración de Los 10.000 del Soplao, el proyecto contará con un stand en la salida-meta de la prueba, donde los interesados podrán hacer su donativo. No importa cuánto. Para un sillín, para un pedal o para un eslabón de la cadena. Cualquier ayuda es buena para componer una bicicleta que permita demarrar a las niñas de Anantapur y abrir distancias con la ignorancia, el matrimonio concertado, la esclavitud conyugal y la exclusión social. Pedalear para hacer girar la rueda de un cambio de mentalidad.

0 Opiniones...Anímate a participar :

Publicar un comentario

 
Plantilla basada en la tic-tac de blogger.