Diez o quince kilómetros diarios en bicicleta. No está
mal si se quiere desterrar la vida sedentaria; son escasos como
preparación para una marcha cicloturista de montaña de 165 kilómetros de
recorrido y trascendentales para una niña de la India rural que aspire a
tener un futuro. Complicada misión. Porque nacer mujer dalit -impura,
según la religión hindú- en un pueblo remoto del país asiático es una
verdadera ultramaratón vital. El exfutbolista Rafa Alkorta, que
participará en Los 10.000 del Soplao y está concienciado con la
Fundación Vicente Ferrer, ha querido darle a esta «machada» un fin
solidario. Por el momento, lo recaudado con las inscripciones se
transformará en un centenar de bicicletas para que las niñas de la
región donde trabaja la entidad puedan seguir con sus estudios. Ellas
serán 'Las 100 de Anantapur'.
La etapa inicial, la de la escuela primaria, no es
problema para las pequeñas. Habitualmente hay colegios en cada núcleo de
población. El abandono escolar femenino, donde se empina la senda,
llega cuando comienza la etapa secundaria -hasta los 16 años-. Los
centros se encuentran en lugares de complicado acceso por la falta de
medios de transporte y recursos. En consecuencia, como mandar al
instituto a una niña es una pérdida de tiempo y dinero, ellas ni conocen
sus derechos, ni en un futuro se los trasmitirán a sus hijos. Porque
los dalits sí tienen derechos. El problema es que aún no se han dado
cuenta, presos del desconocimiento.
El dogma a desarraigar en el país es ya un mantra.
«Educar a una hija es como arar el campo del vecino», repiten. Porque la
mujer es propiedad del hombre con el que se casa. No hay escrituras,
pero sí grilletes. De los que no se ven. Y aunque la ley dicta que la
unión no puede producirse hasta los 18 años, muchas pequeñas, con apenas
12 o 13, son lanzadas a los brazos de un varón previamente asignado.
Además, hay que pagar por ello, porque es la familia de la mujer la que
ofrece una dote -ilegalizada, en teoría-. Quizá no haya para comer, pero
en esto no se puede escatimar. India es un país de orgullo en el que el
noventa por ciento de los matrimonios son concertados. Se les rompió el
amor, pero de no usarlo.
A este gran impedimento hay que añadirle el hecho de ser
dalit, intocable, de alguna casta retrasada o perteneciente a un grupo
tribal -son los segmentos de población con los que trabaja la Fundación
Vicente Ferrer-. Una persona fuera del sistema de castas. Impura. Quien
la toca, debe limpiar su alma. Eso dice el hinduismo. Para un hombre
'intocable', el futuro es limpiar excrementos o quemar cadáveres. Para
una mujer 'intocable', simplemente no hay futuro sin estudios. Esta
situación ha llevado, incluso, al infanticidio selectivo.
Primeros universitarios
Por eso en India una bicicleta va más allá de ser una
costumbre saludable o de ocio. Se convierte en un vehículo educacional. Y
ahí entra la labor de la Fundación Vicente Ferrer, que lleva trabajando
en la zona desde 1969, y que ahora está viendo como la primera
generación de jóvenes 'descastados' ha cruzado la meta situada en el
campus universitario. En el año 2009, fueron 1.580 las niñas que
recibieron bicicletas a través de este programa, algo que ha permitido
que ninguna de ellas haya dejado de asistir a la escuela secundaria.
Porque, cuando una bici llega a uno de estos hogares, lo hace con el
compromiso familiar de que la pequeña terminará el instituto. El
cumplimiento de estas promesas es supervisado por el comité de
desarrollo local, formado por gente de la propia comunidad.
57,3 euros es el precio de cada bicicleta, que se
adquieren en el propio país por dos razones. La primera, porque son más
asequibles, algo que permite que con el dinero recaudado se pueda dotar
de medio de transporte escolar a más niñas. Y la segunda, porque el
hecho de hacer el gasto en el comercio local siempre es una inyección
económica positiva para la comunidad india.
Este fin de semana, antes, durante y después de la
celebración de Los 10.000 del Soplao, el proyecto contará con un stand
en la salida-meta de la prueba, donde los interesados podrán hacer su
donativo. No importa cuánto. Para un sillín, para un pedal o para un
eslabón de la cadena. Cualquier ayuda es buena para componer una
bicicleta que permita demarrar a las niñas de Anantapur y abrir
distancias con la ignorancia, el matrimonio concertado, la esclavitud
conyugal y la exclusión social. Pedalear para hacer girar la rueda de un
cambio de mentalidad.





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