Al filo de las diez de la noche, Chuchi Maestegui
respiraba tranquilo por primera vez en todo el día. Según él, ya estaban
todos los corredores en casa o reponiendo fuerzas por el pueblo, en la
carpa o en alguno de los muchos bares de la localidad. En la calle
continuaba el ambiente, siempre con la lluvia como compañera, las cañas,
los vinos y los pinchos de tortilla. Hasta el lunes, no se sabrá, según
él mismo aseguró, ni el número de retirados ni el parte de guerra que
aún tienen que estudiar y dar a conocer los médicos de la carrera. Se
sabe, eso sí, que hubo pocas roturas y muchas hipotermias. La
organización, a última hora de la tarde, además, había decido incluir en
las clasificaciones a todos los corredores que habían sido desviados
para acortar la carrera.
«Ha sido todo muy duro. Un Soplao infierno cántabro
total. Un éxito que esperamos consolidar el próximo año con la
participación de 10.000 personas», señalaba Maestegui que ayer, sin
dorsal, recorrió también unos cuantos kilómetros.
En el recuerdo empezaban a quedar las tensiones, los
sustos, el agua, el frío y las recomendaciones de abrigo para los
ciclistas. Incluso hasta alguna anécdota, siempre presente en una cita
tan importante. Luis Alberto Pérez Martínez, dorsal 70 de la prueba de
maratón, tras recorrer 38 kilómetros bajo las inclemencias
meteorológicas y agotado, hizo los últimos 4 kilómetros, hasta cruzar la
línea de meta con una pancarta en la que pedía la custodia compartida
de sus hijas.
También destacó la presencia en la línea de meta de dos
hombres del ciclismo que han llevado a los cántabros a lo más alto. El
exdirector deportivo Manolo Saiz y Josean Fernández Matxin, que hizo del
héroe local, Juanjo Cobo 'El bisonte de la Presa', el primer paisano en
ganar una Vuelta a España.
El año que viene habrá más participantes, más
voluntarios, más trabajo para la organización y más ambiente en las
calles de un pueblo que respira fiesta y ciclismo por todos sus poros.




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