El infierno existe y quien sale de él lo hace con el
cuerpo machacado, el rostro desencajado y tiznado con ese color verduzco
que produce el barro seco.Los dientes le rechinan, las tripas se le
revuelven y el cansancio logra cotas imposibles de superar. El frío y la
lluvia castigaron ayer de lo lindo a los participantes en ‘Los 10.000
el Soplao’, hasta el punto de que hubo momentos en los que se pensó que
la prueba iba a suspenderse. Hubo recortes de hasta 40 kilómetros en la
combinada y en la marcha de mountain bike para algunos corredores y
también muchos retirados, a petición propia, por los estragos de la
climatología. Las hipotermias hicieron una auténtica escabechina. Ayer
en Cabezón de la Sal comenzó a llover de madrugada y no paró en todo el
día. En los puertos más altos, había un grado de temperatura y una
sensación térmica de -3.
Los que llegaron al cielo de la meta, donde les esperaba
ropa de repuesto, la bebida energética para recuperar minerales y
vitaminas y la energía de una plato de espaguetis, casi ni miraron su
puesto en la clasificación. Sabían que salir del averno era toda una
hazaña. Y es que ayer, ‘Los 10.000 del Soplao’ volvieron a ser un
infierno para los 6.884 participantes de una prueba que, a pesar de
enseñar el castigo al que somete Lucifer a sus ‘huéspedes’, cada vez
tiene muchos más adeptos. Una legión a la que sólo les une el deseo de
la superación, el reto y el contacto, curiosamente, con la naturaleza.
Una de las claves de ‘Los 10.000 el Soplao’ son los
caprichos de la climatología, esa que en Cantabria es un misterio y casi
siempre para mal. El año que no llueve y hace frío, los termómetros son
capaces de superar los 40 grados.Es el ‘Infierno del Norte’, ese que
tanto seduce a los deportistas más duros. Una prueba que comenzó hace
seis años siendo una modesta carrera de mountain bike y que ahora reúne a
cerca de 7.000 participantes en seis modalidades distintas.
Ni vencedores ni vencidos
La dureza de la prueba hace que en ‘Los 10.000 del Soplao’
no haya ni vencedores ni vencidos.No hay podio donde subir a los que
llegan primero, a pesar de las clasificaciones oficiales. Se comienza a
las ocho de la mañana, pero a los participantes se les espera hasta las
24.00 horas. De ahí, la dificultad, todos los años, de saber cuántos han
abandonado la prueba. Y ayer, gracias al frío y la lluvia, fueron
muchos.
El primer hombre en salir del ‘infierno’ del Soplao fue
el maratoniano Manuel Merillas Moledo, un joven de León acostumbrado a
ganar y repetir victorias, siempre en pruebas exclusivas para gente de
acero. No llegó a la gloria de la meta demasiado machacado, le tocó
‘chupar’ menos agua que al resto y además le tocaron las mejores horas
de la jornada.
Ganó en 2011 el ultramaratón y en 2013 ya sueña con la
combinada. Merillas, del ‘Tierra Trágame’ ha logrado este año ser el
primero en La Tabeida Berziana, es campeón de España senior, segundo en
Euskadi, plata en los 1001 Peregrinos y campeón de Aragón en
cronoescalada y travesía y Campeón de Euskadi. va a más y el año que
viene quiere ganar una prueba nueva en El Soplao.
Se quejó, como todos, del frío y la lluvia, pero sólo un
dolor de estómago le estorbó en una parte del recorrido. Los hombres de
acero son así.
Fue una alegría para los aficionados la llegada del
segundo y el tercer clasificados a meta. Los dos son cántabros. Ramón
González Gutiérrez es del Grupo de Montaña Orza y Manuel Díez Rábago
‘Morus’ del Pico Tresmares. Éste último debutaba en la prueba y repetirá
seguramente el año que viene.
Les tocó el turno a continuación a los participantes en
el ultramaratón. Ya, por entonces, antes de las dos de la tarde, corrían
por la línea de meta noticias sobre la retirada de muchos de los
participantes de la combinada y la marcha de BTT. Se hablaba también de
algunas caídas, sin mucha importancia, y parece que se descartaban una
rotura de clavícula y otra de tobillo.
Momentos de tensión
Chuchi Maestegui, organizador de ‘Los 10.000 del Soplao’,
tuvo momentos de mucha tensión. Demasiados meses preparando la prueba
para que la maldita lluvia se la llevara por delante como si de una
riada se tratara. Para entonces, ya había habilitado junto a sus 300
voluntarios dos pabellones polideportivos, el campo de fútbol, el
Santiago Galas y una carpa en el parque Conde de San Diego para alojar a
los retirados y que allí sus familiares les recogiesen. También en el
campo de fútbol y los polideportivos se dejó ducharse a los
participantes.
Fue entonces cuando, de la mano, entraron en meta Pablo
Criado Toca y Alberto Peláez Serrano. Habían corrido juntos 14 horas
seguidas, desde las once de la noche del día anterior. Llegaron felices.
Pablo ya conocía de sobra la prueba. El pasado año fue segundo, pero
Alberto se estrenaba. ¿Cómo les dio por correr desde la noche? «La
ultramaratón es para gente que no es tan rápida como la de la maratón.
Es la única forma de hacerlo en un día. No disfrutas del paisaje de día,
pero los amaneceres son espectaculares», señala Alberto. El tercero en
llegar fue Manuel Pérez Nestar, a más de un minuto.
Corriendo, a pesar de la que suya era la prueba de marcha
a pie, entraba en línea de meta Juan Carlos Poo Castillo, todo un
personaje vecino de Torrelavega, un fontanero de afición tardía al
deporte y que ahora es fijo de las pruebas de duatlón y triatlón. Ni
siquiera se dio cuenta que había sido el primero. El locutor le informó
cuando cruzó la línea de meta. Hasta entonces había participado con su
bicicleta de montaña.
Detrás de él entraba la primera chica en subir a ese
inexistente podio. Marta Cuevas Alonso lo hacía poco después de un
minuto, ante el gran aplauso del público presente que ya aprovechaba
para tomar el aperitivo en los bares de la calle principal de Cabezón,
donde se ofertaba hasta un menú especial de ‘Los 10.000 del Soplao’.
La peor parte
Les tocó bailar con la más fea y sufrir la mayoría de las
hipotermias de la jornada. Les habían avisado a muchos antes de tomar
la salida del frío que hacía en los puertos. En la zona de Ruente fue
donde peor lo pasaron. Pero muchos de ellos se empeñaron en salir con el
maillot de manga corta encima de la bicicleta. Eran los de la marcha
BTT y la combinada. Su llegada a la meta fue dramática por su aspecto.
Muertos de fríos, calados hasta los huesos y exhaustos por el esfuerzo. A
algunos, como a Remigio Sobremazas o el exfutbolista Alkorta, les había
cortado cuando sólo habían disputado 100 kilómetros de los 165
previstos. Los más fuertes, los que fueron por delante y los últimos,
cuando el tiempo parecía que daba cuartelillo, hicieron el recorrido
completo. Algunos, incluso, sin hacer caso a las recomendaciones de los
organizadores. Un guipuzcoano, Joseba Albizu, ganó la carrera de
mountain bike, roto por el esfuerzo. La combinada fue para otro vecino
de Euskadi que también vio cómo se recortaba parte de la carrera
prevista, si bien en esta modalidad fue para todos.
El ‘Infierno del Norte’ es el reclamo de ‘Los 10.000 del
Soplao’ y el infierno, cada año, se instala entre Cabezón de la Sal,
Ruente y esa pendiente en La Cocina.




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